by José "Cacayo" Ballesteros
El trópico se vive acá
desde los balcones
donde la espesura de los backyares
descuidados de adrede para atraer a turistas
sólo permite ver el agua
cuando la brisa despeina
melenas palmeras.
Las lagartijas
inflan glándulas rojas
mientras los niños
aplastan bichos con dedos rechonchos y baboseados
¡tatay! ¡eso no se mete a la boca!
Es un verano de huracanes puertas adentro
verano de sal y cerveza
de mango verde y ají
de sudor, seno y cangrejo.
Es una mezcla de soledad sofocante
y encuentros esquizofrénicos
en los matorrales
sin que nos vea nadie
limpiándonos con el agua de balde
donde las ranas que cazamos
esperan con ansiedades anaranjadas
su fin en el anzuelo.