by José Antonio Rodríguez
El frío que se ha paseado por el solar baldío
al lado de mi casa de 80 años cubierta de gusanos
que susurran todas las noches escuetas sin quinceañeras ni cuetes
se cola por entre los olanes de las cortinas floreadas
sin orugas ni mariposas.
las sábanas mojadas entre
el parpadeo de mis sueños que hierben con lagartijos
como las playas de las islas Galápagos
y el algodón
o el recuerdo de lo que fue
flaco como el niño tisiquiento del otro lado
se deja
y toma de mis babas el calor de la saliva
para ofrecérmelo después mohoso pero tibio,
untándolo en mi piel de lunares como meteoritos
porque sus fibras cansadas
y moldeadas por cuerpos como hojas del elote
saben de mi padre y su espalda
mi padre y sus callos
mi padre y sus manos
como costales viejos
que me estrujan
cuando me besan
cuando me estrujan.